MUSICA BOSCARECCIA & ALICIA AMO – DE PROFUNDIS: música religiosa alemana anterior a Bach
En el siglo XVII y a principios del XVIII floreció una cultura musical única en las cortes de Alemania, produciendo una abundancia casi desconcertante de obras de una calidad artística excepcional. Pero, con el paso del tiempo, las diversas instituciones musicales que inundaban el territorio fueron perdiendo su esplendor y las antiguas colecciones musicales se dispersaron o deterioraron gravemente. Como resultado, sus compositores, antaño famosos, se han convertido en figuras opacas y sus nombres son sólo conocidos por un pequeño círculo de expertos. La lista de músicos de extraordinario valor es casi interminable: Albert, Buxtehude, Scheidt, Schein, Hammerschmidt, Bruhns, Tunder… y un largo etcétera. El presente programa muestra la obra de algunos de ellos, haciendo especial hincapié en la obra de Philipp Heinrich Erlebach.
Nacido en Núremberg, Johann Philipp Krieger (1649-1725) recibió una esmerada educación musical. Krieger se perfeccionó en Venecia con Rosenmüller y Volpe, y luego fue contratado como maestro de capilla en la corte de Weissenfels, cargo que mantuvo hasta su muerte. Así como su op.2 (12 triosonatas para violín, viola da gamba y bajo continuo) es relativamente conocido, sus 12 triosonatas para 2 violines y bajo continuo no han sido aún editadas en nuestros días. Solamente se conservan dos copias de la edición de 1688 en el mundo; la presente interpretación se basa en la partitura custodiada en la Biblioteca de la Universidad de Uppsala (Suecia).
Christoph Bernhard (1628-1692) es el autor de la obra que da título a este programa (Aus der Tieffen, traducción del salmo penitencial latino De profundis). Bernhard nació en Kolberg y recibió su primera instrucción musical de Paul Siefert, organista de Danzig. En 1649 Bernhard consiguió un puesto como contralto en la capilla de la corte de Dresde, bajo la dirección de Heinrich Schütz, puesto desde el cual ascendió al cargo de vicemaestro de capilla. El respeto que Schütz llegó a sentir por su alumno Bernhard queda patente en su petición de que compusiera un motete para su funeral. Después de unos años en el puesto de maestro de capilla en Hamburgo, Bernhard volvió a Dresde, ya como maestro de capilla, donde murió.
Heinrich Schütz (1585-1672) es hoy considerado el padre y uno de los representantes más finos y originales del barroco alemán. Nacido en Köstritz, Schütz comenzó sus estudios musicales con el príncipe mecenas Mauricio de Hesse-Kassel, quien financió su primer viaje a Italia para que estudiara con Giovanni Gabrieli, uno de los compositores más celebrados de su época. En 1615, fue nombrado Kapellmeister en Dresden, puesto que ocupará hasta su muerte ocurrida en 1672. Los tres tomos de obras religiosas catalogados como Symphoniae Sacrae (I, Venecia 1629; II, Dresden 1647; III, Dresden 1650) representan seguramente uno de los vértices más altos de todo el repertorio del compositor alemán.
Johann David Heinichen (1683‒1729) nació en la pequeña ciudad de Krössuln y recibió clases de órgano y clave del compositor Johann Kuhnau. En 1710 Heinichen se trasladó a Venecia, donde escribió dos óperas, que se estrenaron en 1713 con éxito. Permaneció en Italia hasta 1716, cuando se le ofreció el puesto de maestro de capilla en la corte de Dresde. Heinichen aceptó y residió allí hasta su muerte.
Johann Rosenmüller (1619-1684) nació en Oelsnitz y estudió en la Universidad de Leipzig. Sirvió como organista de la iglesia de San Nicolás desde 1651 y se le aseguró su ascenso al puesto de Cantor. En 1655 fue acusado de actividades homosexuales con chicos del coro y, para evitar la cárcel, huyó a Italia, donde pasó 24 años. En 1658 fue contratado en la iglesia de San Marcos de Venecia. Al final de su vida regresó a Alemania, donde trabajó hasta su muerte como maestro de coro en la corte de Brunswick-Wolfenbüttel.
Philipp Heinrich Erlebach (1657-1714) nació en Esens y ya en 1681 fue nombrado Maestro de Capilla por Albert Anton von Schwarzburg-Rudolstadt, puesto en el que permaneció el resto de su vida. A su muerte Erlebach dejó una colección de más de 2500 obras suyas y de otros compositores que, lamentablemente, fue consumida por las llamas de un incendio ocurrido en 1735. Una de las escasas obras que sobrevivieron al incendio fue Harmonische Freude musicalischer Freunde, colección de canciones que se basan en poemas que, como indica el subtítulo de la obra, se mueven entre los terrenos moral y secular. A pesar de no ser una obra propiamente religiosa, estas canciones son un ejemplo extraordinario de la impactante espiritualidad y la profunda potencia emocional y retórica que caracteriza a la música alemana de este período.